.:: Historia de Puno

RUDECINDO ALVARADO.

General Rudecindo Alvarado
Pedro A Pedro Antonio Olañeta "Barbarucho". Imagen de Portal de Salta. Olañeta fue muerto en un enfrentamiento en Tumusla (Potosí) el 1 de abril 1825.

La independencia en Puno tuvo como uno de sus protagonistas al general Rudecindo Alvarado, quien aparece como como una suerte de San Martín pues proclamó en esta ciudad la independencia el 27 de diciembre de 1824 y presidió su jura el 30 de diciembre (Calsín, 2018). Todo esto, según dicen algunas fuentes, luego de organizar y librarse el mismo de la prisión de la isla Esteves. En este artículo, escrito en base a las memorias del propio Alvarado, clarificamos algunos antecedentes sobre su presencia en Puno y el rol que tuvo en la independencia en Puno. Como se verá, lo que dice en sus memorias guarda algunas discrepancias respecto a lo que señalan otras fuentes.
Rudecindo Alvarado y Toledo Pimentel nació el 1 de marzo de 1792 en Salta, Argentina. Impresionado por la revolución de mayo de 1810 en Buenos Aires, abandonó sus actividades de comerciante y, con 18 años, se sumó al ejército emancipador de su país, participando en importante batallas, como la de Tucumán (1812). En 1816 se incorporó al ejército formado por San Martin para liberar Chile, cruzando los Andes en 1817 como Jefe del Regimiento Primero de Cazadores. Participó en la batalla de Maipú (1818) que aseguró la independencia de Chile y vino al Perú acompañando a San Martin en su desembarco y entrada a Lima en julio de 1821 siendo ascendido a general de brigada.
En 1822, Alvarado asumió el mando del ejército de San Martín al renunciar éste al protectorado del Perú para que sea Bolívar y sus fuerzas el que culmine la independencia del Perú. Por encargo de San Martín y el Congreso peruano, Alvarado emprendió una campaña militar en los puertos del sur del Perú y norte de Chile, la misma que terminó en desastre por las derrotas sufridas en Torata y Moquegua en enero de 1823.
Desprestigiando por estos resultados, Alvarado fue nombrado gobernador de la guarnición del Callao, cuyas tropas se sublevaron el 4 febrero de 1822 y se pasaron a los realistas. Sobre esto escribió Rudecindo Alvarado en sus memorias:
“Nada tuvo de sorprendente para mí este suceso que lo había previsto y denunciado al conocimiento del gobierno, más me engañaba demasiado en atribuirle por origen la influencia de algunos partidos políticos, que, como he dicho minaban ya al país; no me ocurrió jamás que pudieran haber tendencia a traicionar el pabellón argentino enarbolando en su lugar el español” (Alvarado, 1960).
Llevado por el ejército español en un barco ballenero hasta el puerto de Pisco fue conducido luego a Huancavelica, Huamanga y Cusco, llegando finalmente a Puno en el mismo mes de febrero de 1822.
“A mi llegada a Puno, el gobernador intendente de dicha provincia, doctor (Tadeo) Gárate, americano, había dispuesto mi alojamiento en una casa particular, y me hizo conocer que fiando en mi honor podía usar de la libertad de aceptar y corresponder las visitas que recibiere, y me manifestó también una nota de Su Excelencia el Virrey La Serna por la que se le ordenaba me asistiera con pesos cien mensuales o más si yo lo necesitara…Se presentaron también algunos vecinos de Puno para informar que tenía cerca de ellos libranza abierta por cuenta de algunos generales y jefes del ejército español.” (Alvarado, 1960).
“Mi conducta en Puno fue muy estudiada y retraída de toda sociedad en concepto de alejar toda sospecha sobre mí. Pocos meses después se me acercó a mi casa uno de los jefes españoles y me anunció la noticia del triunfo de nuestras armas en Ayacucho (9 de diciembre de 1824), le conteste que prisionero y obligada mi palabra de honor, excusaba toda respuesta a lo que me había comunicado. Al día siguiente se me presentaron varios oficiales patriotas de los que estaban prisioneros en la isla juntamente con el jefe de la guarnición, sargento mayor don N. Fascio, a exigir de mi me pusiera a la cabeza del gobierno acéfalo, por haberse ausentado el gobernador intendente (Tadeo Gárate) la noche anterior, invitación que rehusé, hasta pocas horas después en que la Municipalidad y el vecindario fueron a interesarme en la aceptación. Tome medidas que creí más eficaces para la conservación del orden, y aumento de nuestra fuerzas hasta completar un batallón de quinientas plazas, que puse bajo las órdenes del referido señor Fascio y con el cual mande a ocupar el puente de Desaguadero, que ordene se minara para volarlo en caso necesario.” (Alvarado, 1960).
A los pocos días, según sus memorias, se rindió un regimiento de caballería de Lampa a cargo de Anselmo Rivas que le ayudó mantener vigilancia sobre Olañeta, el general realista que se había revelado ante el virrey La Serna a principios de 1824 y se negaba ahora a acatar la Capitulación de Ayacucho. A través de dicha capitulación, los españoles se habían comprometido a salir de territorio peruano, hasta desaguadero. Informado de todo lo actuado, José Antonio de Sucre le proporcionó a Alvarado “2 batallones peruanos” que junto al de Puno, formado por cerca de unos 500 hombres, compuestos principalmente por oficiales y soldados que se pasaron a las fuerzas patriotas y los liberados de la cárcel de la isla Esteves, se desplegaron en escalones hasta Desaguadero.
Esta corta relación de hechos permite concluir algunos temas. Alvarado llegó a Puno como reo de los españoles cuando se produjo la rebelión del Callao y el paso de los soldados argentinos a las fuerzas realistas, información que muestra la precariedad del control patriota sobre sus propias fuerzas. Según sus memorias, Alvarado no estuvo preso en la Isla Esteves, sino con detención en un domicilio en la ciudad de Puno y, al parecer, bien tratado por los oficiales realistas. Asimismo, según las memorias, no habría conducido las tratativas para la rendición de los realistas en la ciudad de Puno; de acuerdo a otras fuentes (Santos Vargas, 2019), habría sido Anglada el encargado de esto. En su propia versión, Alvarado dice que debido que era el oficial de mayor rango, se vio obligado a asumir el mando de las fuerzas en Puno.
Pero, la proclamación y la jura de la independencia en Puno, celebrada festivamente, fue seguida de momentos de gran riesgo para la ciudad. Alrededor del 13 de enero del 1825 Alvarado, ante el avance hacia Puno del realista “Barbarucho” Valdés, se vio obligado a replegarse a Lampa, para proteger las rutas a Cusco y Arequipa, dejando a Anglada encargado de la ciudad de Puno. Sólo la amenaza de la respuesta de Sucre y la reacción de la población de Puno impidió que nuevamente se hicieran de la ciudad los españoles. "Barbarucho" volvió tras sus pasos retornando al Alto Perú.


Sucre llegó a Puno el 1 de febrero del 1824, a pocos días de cumplir 30 años, y se encontró en Chua Chua con Rudecindo Alvarado, quien tenía 33 años. El ejército de Sucre tras esperar la rendición de Olañeta, optó por atravesar Desaguadero y terminar de derrotarlo. Alvarado participó en las operaciones patriotas en el Alto Perú, pero para enero de 1826 Bolívar y Sucre le habían perdido la confianza, por lo cual tuvo que regresar a Argentina, aun cuando se le confirió el grado de Gran Mariscal de Campo del Perú. Se involucró en las luchas internas en Argentina y fue estuvo desterrando entre 1831 y 1848, a su retorno fue funcionario en Salta, representante en la Asamblea Constituyente y gobernador en Salta hasta 1856. Luego se retiró de la vida pública, falleciendo en 1872.
Bibliografía
Memoria histórica biográfica. Rudecindo Alvarado. Biblioteca de Mayo. Tomo II Autobiografías. Buenos Aires, 1960.
Las memorias de Alvarado concluyen con su paso al Alto Perú para reunirse con Bolívar, lo que indicaría que fueron escritas en 1825.

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